sábado, 22 de septiembre de 2012


Hoy te soñé. Debe ser por eso que salió el sol. Volví a recordar esas cosquillas que atormentaban mi cuerpo cada vez que te tenía cerca, volví a sentir el calor de tu voz poblar mis oídos, mi mente y mi alma. Volví a verte después de tanto tiempo, y seguías intacto, como la lluvia de esa tarde de Abril en la que me abrazaste fuerte y me dijiste ‘no te vayas’, y yo cometí el grave error de partir, de no quedarme con vos en esa eternidad tan minúscula, cometí el error imperdonable de pensar que momentos como ese serían infinitos y repetibles, sobrestimé la duración de tu cariño hacia mí, sobrestimé la duración del amor y de la felicidad.
Me gustaría saber si te acordás de mí de vez en cuando, si al escuchar alguna canción mi cara aparece en tu mente y se te dibuja una insípida sonrisa en la cara sin darte cuenta. Si pensás en visitarme, si calculás al destino de manera que pueda reencontrarnos en alguna calle rosarina dentro de unos diez años, tomar un café y cumplir todas las promesas adolescentes que algún día nos hicimos. Me gustaría saber si te importo, si estás acompañado, si sos feliz, si seguís siendo el mismo.
Me enseñaste tanto y de mí pudiste aprender tan poco, amor, que no tengo el coraje de buscarte una vez más para terminar este proyecto de ruina que empezamos juntos. Aunque quizás algún día, yo esté sentada en un parque mirando las hojas caer y vos te cruces de nuevo en frente mío con los ojos colorados, el viento me asome tu olor a cigarrillo y nos miremos y sea como si nunca hubiera existido la distancia, ni el tiempo, ni el dolor.

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