domingo, 30 de septiembre de 2012

Argus Apocraphex


Aunque a la vista del mundo yo parezca estar inmóvil, estoy buscando. Buscando eso que alguna vez estuve a punto de conseguir para hacerme sentir completa, buscando algo que llene este vacío tan devastador que está dentro mío, buscando. Lo que sea.
Una vez leí algo sobre el Argus Apocraphex, es aquello que estamos destinados a encontrar pero no sabremos qué es hasta que lo hallemos, y para eso hay que mirar con unos supuestos ojos del alma. Entonces me pareció una ridiculez, pero ahora creo que se me volvió vital esa búsqueda, esa necesidad de descubrir algo que esté presente siempre en todos lados, pero nadie lo haya visto aún, algo que de un instante a otro cambie el curso del destino, que me deje atontada, confundida, mareada… algo que me haga sentir para darme cuenta que aún estoy viva.
Seguiré buscando inconscientemente eso que quiero hallar y aún no tengo ni siquiera una pista de qué es. Yo seguiré.

jueves, 27 de septiembre de 2012

La vida....


domingo, 23 de septiembre de 2012

Love's not a competition but I'm winning


Le advertí desde un principio que yo no podía darle más que lo que el veía; toda una corta vida corrompida tras excesos, noches y decepciones. Él estuvo de acuerdo y establecimos un juego en el que el que se enamorara sería el perdedor.

Fue algo tóxico de unos cuantos meses: tan fuerte como el calor del sol un mediodía de verano, tan corto como el ruido del reloj al marcar los segundos, tan encandilante como un flash en medio de la oscuridad. Era algo secreto, sólo él, yo, y los hoteles testigos lo sabían. Nadie más.

Una noche de Junio, en otro de tantos reiterados encuentros clandestinos, se sentó al borde de la cama cuando yo estaba a punto de dormirme. Me observó, se volvió a acostar a mi lado y acariciándome con suma delicadeza me susurró al oído: ‘perdí’.

Dimos por acabado el juego y cada uno retomó su vida. O lo que quedaba de ella.

sábado, 22 de septiembre de 2012


Hoy te soñé. Debe ser por eso que salió el sol. Volví a recordar esas cosquillas que atormentaban mi cuerpo cada vez que te tenía cerca, volví a sentir el calor de tu voz poblar mis oídos, mi mente y mi alma. Volví a verte después de tanto tiempo, y seguías intacto, como la lluvia de esa tarde de Abril en la que me abrazaste fuerte y me dijiste ‘no te vayas’, y yo cometí el grave error de partir, de no quedarme con vos en esa eternidad tan minúscula, cometí el error imperdonable de pensar que momentos como ese serían infinitos y repetibles, sobrestimé la duración de tu cariño hacia mí, sobrestimé la duración del amor y de la felicidad.
Me gustaría saber si te acordás de mí de vez en cuando, si al escuchar alguna canción mi cara aparece en tu mente y se te dibuja una insípida sonrisa en la cara sin darte cuenta. Si pensás en visitarme, si calculás al destino de manera que pueda reencontrarnos en alguna calle rosarina dentro de unos diez años, tomar un café y cumplir todas las promesas adolescentes que algún día nos hicimos. Me gustaría saber si te importo, si estás acompañado, si sos feliz, si seguís siendo el mismo.
Me enseñaste tanto y de mí pudiste aprender tan poco, amor, que no tengo el coraje de buscarte una vez más para terminar este proyecto de ruina que empezamos juntos. Aunque quizás algún día, yo esté sentada en un parque mirando las hojas caer y vos te cruces de nuevo en frente mío con los ojos colorados, el viento me asome tu olor a cigarrillo y nos miremos y sea como si nunca hubiera existido la distancia, ni el tiempo, ni el dolor.

martes, 11 de septiembre de 2012


‘Sos mi musa’ confesó mientras yo me encontraba tendida en el colchón mirándolo componer. Sus ojos se fundieron con los míos, se torció una tímida sonrisa sobre el lado de su rostro que podía observar por la luz que se filtraba incipiente por la ventana. ¿Cómo podría ser posible que alguien tan indigna como yo viviera un momento semejante? Tan pleno, tan puro, tan llenador. Su mirada y su sonrisa volvieron a esquivarme y perderse en el horizonte a través del cristal. Cerré los ojos y sentí cómo desaparecía todo, sólo los acordes de su guitarra y su voz tarareando una letra virgen de una canción que nadie había escuchado. Éramos él. Él y yo. Y nadie más, ni nada más, ni siquiera el tiempo. Temí abrir los ojos y realizarme de que eso no era más que otra fantasía, que otro sueño que jamás será concretado, de una joven que aspira con encontrar su cantor. Temí que desapareciera como todo lo que quise alguna vez lo hizo.
Junté valor, tomé aliento y volví a abrir los ojos. Seguía ahí. Una sensación nunca antes conocida me recorrió el torrente sanguíneo, llenándome de plenitud y euforia. Llenándome de algo que jamás había sentido en la vida. Felicidad.
Éramos él. Él, yo, y mi felicidad, escribiendo la letra y melodía de una canción que sólo yo escuché, y quizás nunca vuelva a ser escuchada.