viernes, 27 de abril de 2012

Im going back to the start...


Hay algo que me enseñaste a los golpes, corazón, y es que el tiempo no se frena. Todo pasa, todo acaba, todo duele y todo sana, pero nada queda. Nuestra vida puede dar un vuelco de un segundo para el otro, a partir de estar en el momento indicado en el lugar indicado (o erróneo), a partir de una diferencia kilométrica o un minúsculo segundo, todo cambia. Y el mismo tiempo se lleva todo aquello, lo arrastra al abismo y queda tambaleando entre la memoria y el olvido, pidiendo ayuda de vez en cuando para que no le permitamos caer. Todo está ahí, acumulado, y ya no quiero tomarlo más, pero tampoco quiero dejarlo ir. Todo tiempo pasado fue mejor, hoy lo confirmo. ¿Por qué el destino toma siempre tantas decisiones perjudiciales para nuestra salud mental y sentimental? Si tuviera un reloj que controlara el tiempo, lo atrasaría un año, para poder hacer todo lo que me quedó pendiente en varias situaciones, para controlar mis actitudes en cada momento, para recursar aquél camino sabiamente, teniendo hoy noción de lo mucho que te quiero pero de lo tanto que te quise.

domingo, 8 de abril de 2012

Pasado

Hoy descubrí algo que hasta entonces no había razonado. El pasado. Todo el tiempo citamos el pasado como si sirviera de algo invocarlo y mezclarlo con el presente, como si las heridas pasadas ya no dolieran lo suficiente al estar cicatrizando como para reabrirlas y dejarlas expuestas a la vista de todo aquél que quiera reconocer nuestros defectos. En mi corta vida he conocido muchas personas que se dedicaban a hacer hincapié en lo ya pisado, parecían no comprender que aquello no tenía solución y que no había manera de volver. Podemos tener una conversación y luego de que termine replantearla una y otra vez en nuestras cabezas, pensar otras respuestas que podríamos haber dado, y a su vez lo que nos podrían haber contestado, y ese razonamiento es un camino tan interminable que conduce únicamente a una neurosis que termina volviéndonos unas máquinas con mucho pasado, poco presente, y carencia de futuro. Lo único modificable es el hoy, el ahora, pero a su vez no hay que presionarlo, hay que dejar que todo siga su ritmo sin alterarlo, porque todo está predestinado a ocurrir y a ser, y no hay manera de alterarlo.

miércoles, 4 de abril de 2012

Desde siempre, hasta nunca.



Finalmente, hoy, después de tanto tiempo, puedo jurar que no voy a usar más tu nombre en vano, ni te voy a mencionar en silencio en cada noche de lluvia, ni te voy a sentir latir en mí cada domingo suicida que me depare la tristeza, no voy a escribir más nada sobre vos y mi casa dejará de estar pasmada por tu recuerdo. “Te perdono”, te dije. El segundo en el que te envié ese mensaje, se me quitó de encima una mochila de un peso infinito que estuvo carcomiéndome desde hace dos años. Te perdono, por más que tu respuesta haya sido algo tan inmaduro y tan idiota como “no tenés que perdonarme nada porque yo no hice nada malo, chau”, siendo bien consciente de que estuve al borde del suicidio por vos, habiendo confesado mil y una vez lo idiota que fuiste al hacerme sufrir como lo hiciste, al cortarme el rostro constantemente mientras yo seguía atrás tuyo. Y gracias a esa simple respuesta, me diste tantas enseñanzas. Primero, que yo crecí, que pude decirte adiós finalmente sin que quedara rencor, sin que siguieras carcomiendo la cabeza por más de no recordarme, sin que siguieras llenando y vaciando cada espacio de mi vida. Yo crecí, pero vos, vos vas a ser un triste falopero sin vida hasta que te mueras, y lo sabés, que no se puede cambiar el alma, está en vos, en tu esencia, el fracaso eterno, la inmadurez para que la gente te sienta un hijo de puta, pero sabés cual es el problema? Que entre toda la gente, yo te conozco en serio, y sé bien que no sos ningún malvado, sos simplemente un pobre pibe de 20 años que está tan perdido, que quiere llamar la atención únicamente para ver si así su vida cobra sentido, y la única manera de hacer eso es drogándote, tomando, diciendo “no me importa nada” y terminando de quemar las pocas neuronas que te quedaban conectadas. Sos una mezcla repugnante de orgullo, tristeza, inmadurés y olor a cigarrillo, y gracias a Dios, hoy para mí ya no sos más que eso, y cuando te veo así, me causás más asco y pena que amor como solías hacer. Segundo, me demostraste y confirmaste la teoría que siempre sostuve: LA GENTE NO CAMBIA. Sea que te metan en un entorno distinto, que pase el tiempo, alcances los treinta y encuentres una mujer a la que quieras (aunque te aseguro que ella no va a poder quererte tanto como yo lo hice una vez), vas a arruinar todo, como hacés siempre, destruís lo indestructible, corrompés lo incorrompible.
Hoy finalmente, puedo repetirte “te perdono” estando siendo fiel al significado de la palabra en su totalidad. Tenés más claro que yo todo lo que hiciste, y en caso de que no lo recuerdes, tratá con un médico porque tenés serios problemas de amnesia. Me despido así, jurando no olvidarte y jurando nunca más pensar en vos como aquello que me venció, porque Lautaro, te vencí yo a vos, yo gané, vos estás exactamente igual, o incluso más arruinado a como estabas esa noche en la que te crucé drogado. Que la vida te dé ni más ni menos de lo que te merecés.
Te quiero, pero lejos de mi vida.