viernes, 4 de enero de 2013

Su lado


Hace varios días me viene ocurriendo lo mismo. Al acostarme en el lado derecho de la cama (el que tradicionalmente fue mi lado siempre), miraba hacia el placard que se encontraba abierto y veía una cara blanca iluminándose sin motivo aparente. Cerraba y movía las cortinas para notar si era algún efecto de la iluminación del farol que colgaba del árbol de mango en mi ventana. Nada, la cara seguía brillando, pareciendo cada vez más llamativa. Para lograr dormir, cerraba los ojos y pensaba en otra cosa. No me había producido temor alguno hasta ayer a la noche, cuando sentí el silencio, vi las luces verdes del arbolito navideño titilar y reflejarse en aquél rostro que me miraba audaz y temerario, burlándose de mí y mi papel de niña que internamente llama a gritos a su madre para que venga a cerrarle el placard (de día siempre me olvidaba de hacerlo y de noche ni me atrevía a acercarme). Cerré los ojos y dije “es todo ficticio”. Los volví a abrir y no se produjo cambio alguno, seguía ahí.
Ante la insistencia de mi mente en jugarme una mala pasada, logré ceder. Usurpé su lado: me pasé al lado izquierdo de la cama que tanto tiempo se había hallado vacío, y logré finalmente entender que la cara no era más que una camisa blanca iluminada por las mismas luces del mango y de mis ojos.
Logré vencer al peor demonio que habitaba mi casa: mi soledad.

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