Era el siete de Febrero de 2011, 22.50 de la noche. Salí de mi casa arrastrando mi valija roja, mi padre me la quitó de la mano y acomodó todo mi equipaje en el baúl del auto. Tomé mi bolso de mano y me lo enganché del hombro. Contemplé el cielo por un segundo. El foco de la calle alumbraba la fina lluvia que caía y me empapaba. La señora de en frente salía a sacar la basura, y ningún auto pasaba. El videoclub estaba cerrado, y el agua corría veloz por los costados de la calle. Volví a observar el cielo y los árboles. La lluvia me mojó el rostro y cerré los ojos para disfrutarla un poco más.
-"Subí Agusta."- Me dijo mi padre ya dentro del auto.
Dediqué una última mirada a mis espaldas, hacia lo que había sido mi casa por 6 años. Subí al auto con la menor esperanza de volver a caminar por esa calle, o por ese barrio. Llegamos a la terminal. Mi padre me acompañó adentro trayendo mis bolsos y me quedé sentada en un asiento metálico, mirando fijamente hacia las plataformas de los colectivos.
Volvió mi padre con un chocolate en la mano y me lo dio con una sonrisa. Le devolví la sonrisa y mi colectivo se estacionó frente a mí.
Cuando me acomodé ya en mi asiento y dejé mi caja de maquillajes en el portaequipajes. Miré por la ventana y la desempañé con la mano. Papá aguardaba a un costado de la plataforma mirándome. Saludó una última vez con la mano y comenzó a caminar hacia adentro de la terminal mientras el micro comenzaba a dar marcha atrás. Lo vi alejarse y me rompí en llanto. Iba a extrañarlo, muchísimo, y él no lo sabía. Quise mandarle un mensaje que diga "te quiero papá, te voy a extrañar", pero recordé que no tengo que mostrar mis sentimientos, la gente no debe ver tus debilidades porque eso les hace más simple la tarea de destruirte, sea quien sea.
"Porque no quiero desaparecer… y desprenderme de todo."
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